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Albert conoció esta raza a finales de los 70 gracias a su amistad con
Rafael Malo y tenía muy claro que cuando decidieramos compartir nuestra
vida con un perro sería un Mastín del Pirineo. Yo había visto los mastines
en casa de Rafa y me cautivaron tanto por su aspecto como por su caracter.
En diciembre de 1993 llegó a casa Papadas (Edelweis de la Tajadera del Tío
Roy), nuestra primera mastina y desde entonces la familia no ha hecho más
que ampliarse.
De la primera y única camada de Papadas nos quedamos con una de sus hijas,
Alma, y adquirimos un macho, Patós (Aquilino-Luis de la Tajadera del Tío
Roy). Con Patós empezamos a asistir a exposiciones y nos iniciamos en la
cría de este bondadoso gigante.
Desde entonces han sido muchas las satisfacciones que hemos obtenido, que
compensan con creces los malo momentos. No podemos imaginar nuestro día a
día sin su compañía. |